El médico atiende en la Web

DOS EJEMPLOS DE CINE DE AUTOR nos proponen en tono de gracia una reflexión acerca del desconcierto que produce a veces el fácil acceso a la información detallada sobre enfermedades y tratamientos médicos. En la espléndida Caro Diario (1994), el director italiano Nanni Moretti protagoniza la historia real que le tocó vivir a raíz de la aparición de unas manchas en la piel de su cuerpo. Montado sobre su Vespa, Moretti recorre la ciudad para consultar a una docena de médicos, tradicionales y alternativos, quienes le anuncian exactamente la misma cantidad de diagnósticos diferentes. De allí que su estado de ánimo experimenta el alivio ante los más benignos, la desesperación ante la peor posibilidad y el mal humor por la falta de coincidencia entre los facultativos. ¿A cuál entregarse, confiado? Como es de prever, nunca logra decidirlo.

El otro ejemplo es el de Woody Allen, experto hipocondríaco intelectual, cuya sobredosis de raciocinio lo alienta a imaginar anticipadamente sobre el resultado de los estudios a los que se somete, siempre sospechando estar al borde de la muerte. Es posible que el conflictuado director de Manhattan no entre con frecuencia en la Red, pero si lo hiciera podría aumentar exponencialmente la cantidad de alusiones paramédicas que aparecen en sus películas.

Porque, si de algo podemos estar seguros, es de que Internet posee tecnología para mejorar la calidad de vida. Sus herramientas permiten la información, el intercambio de pareceres y el diagnóstico y monitoreo a distancia. Cuenta, además, a su favor con la experiencia histórica de la medicina aplicada, de la cual puede repetir y ampliar aciertos, esquivando errores.

En la Argentina, el desafío que enfrentan los sites especializados en salud dirigidos al usuario en general apunta al cambio de un concepto muy instalado en la prestación del servicio tradicional: hacer que los pacientes (pasivos con paciencia) se transformen en activos protagonistas, disponiéndose a poner en práctica consejos sobre prevención y orientación profesional. Lo óptimo, claro, es que experiencias como las de Moretti o temores como los de Allen no se multipliquen ahora de manera virtual.

“Apoyamos esta forma de comunicación entre especialistas, aunque nos preocupa que la persona experimente cierta angustia al acudir en busca de distintas opiniones. Internet permite saber más y, por ende, razonar mejor, pero el conocimiento acabado se obtiene en la consulta cara a cara, en la que interpretamos ciertos síntomas, a veces sutiles, difíciles de descubrir por otra vía. A título personal, estoy en contra de que las farmacias vendan al público por este medio”, opina el doctor Miguel Falasco, secretario general de la Asociación Médica Argentina –http://www.ama-med.com-, la primera institución en su tipo que unificó online el acceso a 800 revistas médicas y científicas, y dispuso de una red de contenidos propios para sus miembros.

Publicado en Abril de 2001- Revista Internet Surf N°36

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